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Todos tenemos miedo y hacemos sentir miedo a alguien. Todos somos víctimas y verdugos, culpables conscientes nosotros mismos y culpados a vista de los demás.

Lo más curioso es la facilidad que tiene el miedo para paralizarnos, para impedir que nos enfrentemos a él y para superarlo. ¿Sabes por qué? Pues porque, al fin y al cabo, el miedo no es tan fuerte como nosotros... y tiene miedo a ser vencido.